miércoles, 30 de septiembre de 2015

LA CORDURA POLÍTICA





“LA CORDURA POLÍTICA”

Luz María Sánchez Rovirosa


“Cordura mucha cordura, y recuerden que hablar bien, conserva la dentadura” Carlos Puebla.


La comunicación humana es un proceso que tiene entre muchas otras, dos importantes vertientes: Una en la cual cualquier persona tiene el derecho de expresarse y la otra, en la que cualquier persona tiene el derecho a ser escuchada.

Una de las características de este natural procedimiento (pero curiosa y lamentablemente poco usual), es saber escuchar con atención a las personas que están hablando; pero sobre todo, estar preparados para aceptar en cualquier circunstancia, que las opiniones de los demás, no siempre serán las mismas que las nuestras.

Cuando en la acción de hablar en este caso de política, se toque un tema que roce los intereses personales, de grupos y partidos con comportamientos u objetivos diferentes y contrarios a las razones propias, hay que meditar primordialmente los argumentos estructurales, y la coyuntura en la que se pudiera hacer el referente a lo que incomoda precisa y comúnmente, a los políticos, líderes, funcionarios, o a cualquier persona común, etc.

-Es útil y sabio-, identificar con claridad el conflicto que pueden producir las palabras que vierten los otros, para abordarlo con cordura, es decir, sin locura, sin amenazas, sin juicios de valor, sin victimismo, y sin querer cargar siempre la culpa a alguien.

-Los señores políticos- de todo ámbito, pueden “rezongar” lo mismo, sólo dando las razones objetivas y desnudas amablemente; porque no logro entender, por qué los liderazgos siempre tienen la tendencia de querer despojar a los -demás de los demás-, de su voz. Por suerte ya estamos superando el tiempo de los héroes y los mártires, a los que les cortaban la lengua por “bocones”. -Hoy triste y deplorablemente está de moda-, cortar los brazos, las orejas, las cabezas e incluso todo el cuerpo.

Aquí vale la pena reflexionar, en la importancia de pensar bien las cosas antes de decirlas y analizar todo lo que de nuestra boca pueda salir; sobre todo, y esto es fundamental, si el actor (en este caso político), habla por boca de un grupo o comunidad.

Y aterrizando a la realidad, el motivo de los comentarios anteriores, se dan por la entrada al Ayuntamiento de la muy cuestionada administración municipal, que ya preside Evodio Velázquez Aguirre, sobre la duda si el –susodicho-, tendrá la capacidad de llevar el timón de este deteriorado barco, que además se encuentra a la deriva; amén que ya se siente en el puerto el ambiente de exclusividad, ya se mira el privilegio de un grupo elitista, no por los galardones que los adornan, -sino todo lo contrario-; pero eso sí, son amigos, familia, compadres y anexas. -Así que la burbuja “trabajadora” del Ayuntamiento llega compacta-, lo cual perfila que no habrá un gobierno imparcial, es decir, un gobierno para el pueblo.

¿Qué admiración nos causa este suceso, si cada tres años, o cada seis es lo mismo? Bueno, la marcada diferencia la hace, que es el primer “presidente (acapulqueño) municipal electo”, que se avienta varias giras “de trabajo” al extranjero (incluyendo 2 viajes) al Viejo Continente, en un mes y días, en aras del bien común (¿?).

Definitivamente no se puede pedir cordura a una “clase política”, que no es lo suficientemente madura y culta como para siquiera conocer el significado de esta palabra; como definitivamente no le puedes pedir cordura a una sociedad que no es lo suficientemente madura para opinar, dejándose llevar por la histeria colectiva, por la opinión de las masas y por mandato “divino” de sus jerarcas, llámense políticos, funcionarios o servidores públicos, líderes y gestores; y los pocos (aunque duela), que pueden ver con criterio propio todos estos problemas, la mayoría no se atreven a decirlo por temor a ser (ahora de moda) perseguidos, intimidados, demandados, inhabilitados, y “demás” por el gobierno en inquisición. Así, tristemente nos percatamos que la opinión pública, se detiene millones de veces, (por miedo) para señalar lo incorrecto; porque lo correcto (que también lo hay), inmediatamente se convierte en lisonja.

Para terminar, un breve fragmento de una hermosa poesía anónima. “¿Cuál es la línea que define la locura? ¿Cuál es la línea que define la cordura? Vivir acatando normas en esta sociedad inmadura, siniestra y oscura ¿Es eso acaso cordura?"

“¿Es cordura esta masacre de valores, de humildad? ¿Es locura ser honesto y vestirse de humanidad? ¿Es locura confiar y entregarse a los demás, sentir miedo y aun así continuar?”


“Cordura, locura, pendiente de etiquetar, más yo no quiero vivir cuerda esta triste realidad”. ¡Vale la pena reflexionarlo!

jueves, 3 de septiembre de 2015

LA TRAICIÓN







LA TRAICIÓN

Luz María Sánchez Rovirosa

“Es fácil esquivar la lanza, mas no el puñal oculto”. Proverbio Chino.

Se dice que uno de los vicios más comunes en la sociedad en cualquier ámbito, es la traición. La traición es una de las acciones más destructivas en las relaciones humanas; se define como una grave falta que viola la fidelidad de una o más personas que engañan o hacen daño a otra u otras personas, incluyendo a familiares y amigos, quienes les han depositado su confianza.

Ante una traición dejamos de creer o tener confianza en la o las personas que traicionan; se siente la burla, la defraudación, y difícilmente (aun cuando exista el perdón) se podrá recuperar la fe en ellas.

La traición produce ira y rabia en los primeros momentos, así como también surge el rencor, el odio y las ganas de venganza. Al mismo tiempo trae consigo un enorme dolor, la pérdida de la confianza en la pareja, el compañero, el amigo o el hermano, la madre e incluso el padre, o en quien hayamos depositado nuestra fe o esperanza. La traición también, provoca pérdida de autoestima, sentimientos de humillación e impotencia, lo cual puede incitar la depresión; y es entonces cuando el ser humano busca la justicia (honesta) y cuando no la ve satisfecha, se enfrenta a la frustración.

Pero ¿por qué hablar de la traición? ¿Qué cura existe ante este agravio? ¿Qué hacer cuando esta ofensa vendió el amor de un ser querido, tan querido, como lo es un padre? ¿Se debe o se puede superar la rabia, la impotencia y sepultar simbólicamente la traición, para iniciar un eterno duelo y perdonar, aunque el traidor, no esté arrepentido?

Existen cantidad de historias con personajes que son dueños de esta brutal patología, de los cuales podemos sacar una enorme cantidad de experiencias, pero una de las más representativas, nos la narra la Biblia, en el caso de Absalón, quien cegado por la ambición, estaba decidido a usurpar el trono de su padre.

Absalón era el tercer hijo del Rey David, quien llamaba la atención por su hermosura y quien se sublevó a su padre, para tomar el poder antes de tiempo. Así que comenzó tratando de robarse el corazón de los hombres de Israel; es decir, ganándose sus favores con astutas promesas y fingidas expresiones de afecto, tal y como lo hacen los políticos de hoy en campaña (Y Zeferino Torreblanca Galindo, no fue, ni es la excepción).

Los abrazaba y besaba como si de verdad se preocupara por ellos y sus necesidades, de esta forma consiguió poner de su parte hasta al consejero de confianza de su padre el Rey David, llamado Ahitofel, quien, junto con él, se volvió traidor y se unió a la rebelión.

El Rey David expresa el dolor que sintió por la tan terrible deslealtad de su hijo. La conspiración de su vástago contra el rey, puso de manifiesto que Absalón no sentía ningún respeto ni por su padre, ni por ninguna soberanía, incluyendo la Divina; y para ejemplo de los hombres ambiciosos y descarados, al final, su golpe fracasó y David su padre, siguió reinando.

Aterrizando al presente esta historia de traición filial, da mucha pena seguir siendo testigos, cómo cada día se despliega más la vereda de la ambición, y por conseguir lo que se quiere y anhela a toda costa, se pasa por la vida empujando y atropellando a personas con el fin de obtenerlo; bajo chantaje, cobro de favores, prebendas e incluso amenazas.

El cruel golpe se atiza, y cuesta trabajo volver a levantarse después de la espada enterrada por la espalda, y al sentirlo, se descubre que nunca la persona amada, fue lo que se creyó, y cala la impotencia de hacer conciencia ante el error de la ingenuidad, de abrir de par en par las puertas de la confianza; cuando se empañan los sentimientos, al darnos cuenta que se tiene que aprender de la peor manera.

Existen momentos en la vida en los que tarde o temprano nos damos cuenta de que no todas las personas son lo que dicen ser, y tristemente muchas veces, quien menos esperamos, nos termina apuñaleando por la espalda. Pero en el caso, de que la mano que tiene asido el puñal, sea la de tu propio hijo, no encuentro y no tengo, más palabras para externarlo. ¡Vale la pena reflexionarlo!

P.D. Recuerdo, a quién tengo que recordar, que hay corazones que no tiemblan ante el puñal; y como Don Filomeno Mata, la maleta ya está detrás de la puerta.

jueves, 27 de agosto de 2015






DONALD TRUMP, XENOFOBIA HITLERIANA

 

Luz María Sánchez Rovirosa

 

 

“No dije nada que no quisiera decir” Donald Trump.

 

El magnate Donald Trump, hoy aspirante a la nominación por el Partido Republicano a la candidatura de la presidencia de Estados Unidos de América, en uno de sus exabruptos lanzó y ha seguido lanzando infamias en contra de los mexicanos radicados en aquel país, con residencia o indocumentados; afirmando categóricamente que son problemáticos, traficantes, delincuentes, violadores, es decir, personas no adecuadas, y Estados Unidos no será más “el basurero para los problemas de todos los demás”.
 
Lo anterior causó inmediato escozor entre los –compatriotas próceres gobernantes-, como el secretario de gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, quien abrió la boca para sentenciar las acusaciones del multimillonario como “prejuiciosas y absurdas”. Y agregó, que “se ve” que no tiene idea de la aportación que los migrantes de prácticamente todo el mundo realizan, para apoyar el desarrollo de su país.
 
Haciendo memoria a la historia del mundo, recordaremos que Adolf Hitler, desde antes de convertirse en canciller de Alemania, ya tenía la obsesión sobre la raza superior, y en la mayoría de sus discursos y escritos, relevaba su psicótica creencia de la pureza racial y la superioridad de la raza aria, contemplando su prototipo como un hombre rubio, alto y de ojos azules; lo demás era pura bazofia.

Cuando Hitler y los nazis llegaron al poder, estas creencias se convirtieron en la ideología del gobierno que dirigía, y con el apoyo de científicos alemanes, se convencieron, que la raza humana podía ser mejorada mediante la limitación o nulificación de la reproducción de aquellas personas que consideraban "inferiores".

Así que a partir de 1933, a los médicos alemanes se les permitió realizar esterilizaciones forzadas y cirugías a los judíos, a quienes llamaba –raza venenosa-, que hacían imposible que las víctimas pudieran tener hijos. Además de los migrantes (especialmente los gitanos); personas con discapacidad, también fueron víctimas, de tan aberrante acción.

Era tal la aberración a la raza judía, que Hitler dijo antes del comienzo de la guerra que aniquilaría a todos los hebreos; que su testamento apunta: “que hizo exactamente lo que dijo que haría”.
 
¿Pero por qué intercalar el siniestro paso de Hitler por el mundo, con la carrera a la presidencia de Estados Unidos de Donald Trump, tomando en cuenta que empezó como un juego de exabruptos y payasadas?
 
Donald Trump y la multitud de defensores del sistema de inmigración Norte Americano, no reconocen acuerdos comerciales neoliberales, apoyados por Estados Unidos, como el TLCAN, que han devastado las industrias locales, forzando a innumerables trabajadores a cruzar la frontera en busca de trabajo; amén que Corporaciones estadounidenses frecuentemente viajan al extranjero (especialmente a México y hoy China), para aprovechar la mano de obra barata que esos acuerdos han proporcionado; pero cuando curiosamente esos mismos trabajadores tratan de cruzar la frontera de nuestro país con Estados Unidos, se enfrentan a tortuosas penas, prisión, una existencia precaria y una constante explotación y sin recursos legales para la violación consuetudinaria de sus vidas.
 
Así que en este delicado capítulo, existen ancestrales resentimientos y rencores enconados, y quizá de esto está saturado el mundo; pero existe una categoría que sobrepasa toda expectativa razonable, si es que tal expresión pudiera ser aceptable, y que se centra en el campo de la segregación racial; y el señor Trump es justo ese caso. Con una manifiesta xenofobia, hasta ahora contenida, está siendo el protagonista de una repetición de similares patologías, entre ellas, como ya lo mencioné, el histórico y tristemente célebre Holocausto.
 
Algunos se ríen de este engreído adicto al dinero, quien quizá por ahora, disfraza con el velo de su fortuna y sus excentricidades, su verdadera y putrefacta razón (¿?). No lo subestimemos, y no perdamos de vista, lo que igual sucedió con Hitler, y por lo que el mundo entero injustamente tuvo que pagar, con un enorme costo de vidas humanas; por menospreciar -las ocurrencias de aquel loco de guerra-, quien con demasiado tiempo y gente a su disposición, pudo dominar hasta el mismísimo diablo. ¡Vale la pena reflexionarlo!

jueves, 20 de agosto de 2015

POSDATA: QUESADILLAS DE CAZÓN





POSDATA: QUESADILLAS DE CAZÓN

 

Luz María Sánchez Rovirosa

“Tenemos justicia, cuando damos justicia a los demás” Gandhi

Cuando se pregunta a los ciudadanos qué es lo que le pedirían a recién elegidos gobernantes que atendieran como prioridad (en este caso) para el estado de Guerrero y el puerto de Acapulco; la mayoría respondería: La seguridad pública.

Sabemos muy bien, que aunque la delincuencia organizada no forzosamente es un fenómeno asociado a la pobreza, a los bajos salarios y al desempleo (prueba de ello es que también está enraizada en países del primer mundo), a partir de la crisis financiera y de valores (que cada día se acrecienta), se han vuelto más frecuentes y más graves (por la forma en que se dan) los hechos de violencia, al grado que la desconfianza y el temor, es el tema que más preocupa entre la población.

Sin embargo, reflexionando los hechos tan graves que últimamente acontecen, el problema real de la criminalidad y la inseguridad, no es la delincuencia misma, sino la impunidad tan flagrante que existe alrededor de ella. Las cifras de la delincuencia organizada, del tráfico de armas, las extorciones, el cobro por derecho de piso, los secuestros, la trata de personas y la explotación sexual comercial infantil en todas sus modalidades, son aterradoras; así que el gobierno sí debería poner toda su atención a la procuración de la justicia, con el primordial fin de tratar de eliminar la impunidad.

Se sabe que la delincuencia es un hecho que se da en todas las sociedades (sobre todo si son permisibles); pero en las sociedades decentes, pensantes y con valores, respetan las leyes, en las cuales se establecen sanciones para los delitos y para los hechos criminales y de verdad se castiga a quienes los cometen.

Pero cuando éstas se quebrantan o el gobierno permite las acciones que las violan, que van en contra de la seguridad y la tranquilidad del pueblo, es cuando se pone en entredicho a todas las personas que tienen a su cargo la administración pública de un lugar.

Vale la pena hoy, a un paso de –empezar una nueva administración- estatal y municipal, que democracia sin gobernabilidad es una contradicción, pero sobre todo es un peligro ¿De qué nos sirven los procesos electorales a cada rato supuestamente “eficientes” y “legales” y la retorcida demagogia, si después cuando llegan no pueden garantizar ni la seguridad, ni la procuración de justicia conforme al imperio de la ley?

Es importante que el pueblo razone, comprenda que no las administraciones no son mejores, solo con el cambio de los políticos o de los partidos. La reflexión es, que Héctor Astudillo y Evodio Velásquez, trabajen como se debe, es decir con honestidad, con ética, en un Estado de derecho.

Hay que tener dignidad pero sobre todo responsabilidad, y convenir al elegido, aun cuando no sea el -favorito- de nosotros. Hay que exigirle la con la razón de ciudadano preocupado; no solo por todos los tipos favores (incluyendo el financiero), que cobraré, o por la amistad (política) que nos une; porque la justicia reclama su lugar en cada uno de nosotros, en nuestras existencias, en las de nuestras familias y las de nuestro prójimo.

Nunca un ser humano, -que sea humano-, puede llegar a acostumbrarse a la injusticia, porque incluso el más cruel criminal que con sus malas acciones riega la injusticia y el dolor por todos lados; sufre cuando es objeto de la violencia y la injusticia. “Lo que es injusto para unos, nunca puede ser justo para los otros”.

A manera de posdata, no quiero dejar de comentar, la tristeza que me dio ver al ex candidato a presidente municipal por El Partido Verde Ecologista, Joaquín Badillo, vanagloriándose en las redes “sociales”, por haber hecho una pesca –extrema- de 20 bebés tiburón, especie controlada, y por lo tanto, prohibida su captura. ¿Cómo se va a disculpar de tan grave e irresponsable acción, en la cual involucra a sus pequeños hijos? Quesadillas de cazón para el comedor de Jobamex, su empresa magnate, especialista (a propósito) en seguridad, pero privada. Lamentable ¡Vale la pena reflexionarlo!

miércoles, 12 de agosto de 2015

LA INSEGURIDAD Y LA COBARDÍA






LA INSEGURIDAD Y LA COBARDÍA

Luz María Sánchez Rovirosa

“La promesa de seguridad segura, seguramente será inseguridad asegurada”.

 

La inseguridad es un tema que frecuentemente está presente en la pláticas de todos y cada uno de los mexicanos, escuchamos, leemos y vemos por todos los medios de comunicación, noticias escalofriantes acerca de la creciente delincuencia organizada en nuestro país; porque lamentablemente es un mal que se ha ido dejando crecer desde sexenios anteriores y que ahora ha alcanzado niveles exorbitantes afectando la vida diaria de la sociedad mexicana, ya que por desgracia la inseguridad no es algo que solamente afecte a miembros de alguna clase social, religión o sexo; nos afecta a todos por igual por el simple y sencillo hecho de vivir en México.

Hablar de inseguridad, es hablar de distintos factores que están ligados de la mano y que van desde la desintegración familiar, juegos violentos, drogadicción, la gratificación instantánea con el mínimo esfuerzo, la falta de valores, apatía por parte de los políticos de efectuar cambios efectivos, así como el desempleo y la crisis, pero sobretodo, -la corrupción generalizada-.

Entre una política autoritaria e irracional de caciquismos añejos, de corrupción, de abusos, de violaciones consuetudinarias a los derechos humanos, de crímenes, de miserias, marginación, de represión, con rezagos casi irreparables y con una injusta distribución de la riqueza, muchos mexicanos -del otro México-, luchan por sobrevivir, mientras otros tratan de “vivir” cobardemente.

La cobardía es una actitud bochornosa y reprochable que surge frente a ciertas situaciones. Esta posición es muy común en la política y es un sentimiento que experimenta el individuo de acuerdo a su juicio y valoración de los sucesos, sean extremos o no. Pero curiosamente la cobardía es un sustantivo abstracto, que no existe hasta el momento en que el individuo le da vida.

Una persona no será cobarde porque lo determinan los demás; tampoco lo será por haber tomado una actitud determinada frente a un hecho en cuestión. Una persona será cobarde solamente si está convencida de serlo.

Por ejemplo un soldado no es cobarde porque sienta temor por su vida al enfrentar una batalla, eso se llama miedo y es natural en los seres humanos. La cobardía a menudo aflora por la propia conveniencia de los hombres, así que es muy sencillo llegar a la conclusión, de que este -sustantivo abstracto-, es una de las formas que más practican “las clases” de los políticos y los poderosos, como medio de prolongar la seguridad y el bienestar de sus vidas y las de su familia, a expensas del riesgo o de la culpa asumidos por otros (aun cuando no estén involucrados). Aunque vale la pena aclarar, que como en toda regla, hay excepciones.

Las autoridades y gobernantes cobardes, acusan de violentos a los pueblos que se levantan en armas y condenan precisamente, lo que en ellos no se condena; como tampoco condenan el terrorismo cotidiano sobre cada familia (demasiadas) que no tienen que comer, que no caben en los servicios de salud, de educación, que se protegen de la noche entre precarias paredes de láminas de cartón, o bajo el cielo y las estrellas. -Ellos (la mayoría) los poderosos, los autoritarios, los dogmáticos, hipócritas, corruptos y cobardes políticos, condenan y señalan con un dedo acusador, a las víctimas de su propia violencia-.

Estamos viviendo un tiempo en el cual la violencia y el terrorismo siembra de inquietud y dolor las calles de nuestras ciudades y de nuestros pueblos; y los seres humanos cargamos ese dolor que nos tocó vivir; por ello somos el producto de nuestro tiempo, de la decisión de vivir a tiempo nuestro tiempo; y también somos carne viva de las contradicciones de nuestro tiempo. Tiempo al que le permitimos convertirse en dramática historia; al permitir y no luchar por libertar a los cautivos, a los excluidos, a los discriminados, a los condenados, a los -pobres de la tierra-, que son considerados por los absurdos, como los culpables de las “pérdidas de las ganancias”, todo por no ser corruptos.

Hoy, la humanidad se está destruyendo entre sí, están destrozando el presente, para matar el futuro, y esta es la forma de aniquilar que tienen los cobardes, los ciudadanos inertes, los actuales y audaces políticos, siempre con promesas (que la mayoría) nunca serán cumplidas, y que hieren y matan al pueblo igual que las implacables balas. Arrogancia, mentiras, demagogia, y corrupción, que sólo conduce al beneficio personal de unos pocos. Al final, qué importa que el pueblo se muera de hambre y de dolor. ¡Vale la pena reflexionarlo!

miércoles, 29 de julio de 2015

¡ZOMBIS!





¡ZOMBIS!

Luz María Sánchez Rovirosa

“Lo que los ojos ven y los oídos oyen, la mente piensa”. Houdini

¿Hubo alguna época en la cual la economía fuera pensada para el bien común, después de los terribles tiempos sociales, políticos y económicos, que se produjeron durante la Revolución Mexicana, y de los movimientos sociales posteriores a la elaboración (antes de ser –mal parchada-) de nuestra última Carta Magna en 1917?

Porque hoy, con una clase media con aproximadamente 200 por ciento menos (o nulo) poder adquisitivo que hace 40 años; con millones de campesinos y millones de personas en la pobreza y en la miseria; con millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan (ninis); con una economía que difícilmente crece; con una tasa de desempleo alarmante y deslizándose cada día más; con un salario mínimo que no aumenta y no ayuda, pero sí humilla, y con una inflación que nos estrangula, podemos preguntarnos, conservando todas las proporciones sensatas: ¿estamos mejor que hace 40 o 60 años? “La respuesta está en el viento”.

Cómo sociedad participativa ¿qué podremos o qué nos corresponde hacer para lograr sacar a México (en este caso), al estado de Guerrero y especialmente al municipio de Acapulco, del atraso, la pobreza, la marginación social, política y económica, de la corrupción, de la violencia e inseguridad en la que se encuentran sumidos actualmente?

Hablar de mexicanos, de guerrerenses y de acapulqueños participativos, estoy convencida que sería lo óptimo, lo ideal y lo correcto, si el gobierno lo permitiera y si la ciudadanía que sintiéndose tomada en cuenta, no se politizara. Por supuesto, sería nuestra gran ilusión. Pero como desafortunadamente esto es cada día más difícil (por no decir imposible), hoy en la medianía del 2015, ¿de qué hablaríamos: de conformismo, de sumisión o de ilusionismo?

La ilusión es la esperanza puesta en alguna cosa positiva, como un sueño, un sentimiento de alegría, en un proyecto que de verdad deseamos que se realice, que se cumpla. Y la ilusión óptica (ilusionismo), es una imagen mental engañosa provocada por la imaginación o por la interpretación errónea de lo que perciben los sentidos. Muy diferentes, pero al fin, ambas son ilusiones.

Las comparaciones con el pasado (para algunas personas), con el convencimiento de que cualquier época anterior fue mejor; quizá no sea lo más sano, sin embargo, igual pero de atrás para adelante ya lo reza el refrán que dice: “nunca segundas partes fueron mejores”.

Así que de vez en cuando, hablando de nuestras ilusiones o del ilusionismo político, específicamente en este caso que nos atrae, es decir, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), no hay más remedio que cotejar y reconocer que en estos tiempos con tecnología tan avanzada y en contraposición a otros que ya son historia, es tan lamentable e inconcebible, que se cometan las mismas barbaridades, injusticias, esclavitudes; que se protagonicen salvajadas macabras, robos, engaños, delitos y tonterías igual que antes, pero que hoy tristemente vienen disfrazadas de “buen gusto y sofisticación”. 

Claro ejemplo de una –ilusión disfrazada-, o ilusionismo, son las tan cacaraqueadas -reformas estructurales-; aprobadas durante el primer año de gobierno del retorno del PRI (después de 12 años con el PAN); y que fueron un anticipo de lo que se nos ha venido encima -para siempre amén-, en este extraño y perverso experimento del “nuevo PRI”.

Pero después de casi ochenta años de –lujuria política-, y dos envilecidas épocas de transición (¿?), en la actualidad, con el PRI nuevamente encaramado en la -silla pinal-; el cambio, la democracia y toda ilusión, es un lujo que hoy no nos podemos dar, porque no ha lugar a la participación natural y cívica de la gente, ya que el ilusionismo político que tan bien maneja este gobierno, nos está volviendo en “zombis”.

El progreso no se lleva bien con el mal gobierno y este es el tiempo que nos tocó vivir. Falta de buen gobierno, falta de ética, de moral, de valores, de dignidad, de honestidad, de humildad, de humanidad. Falta de preparación, de estudios, de cultura, pero curiosamente no de imaginación.

¿Será posible que no exista alguna manera para que volvamos a ilusionarnos para que la democracia nos gobierne y no para que, como –muertos vivientes-, nos someta el ilusionismo político? ¡Vale la pena reflexionarlo!

miércoles, 22 de julio de 2015

¿ARMONÍA O BARBARIE?






¿ARMONÍA O BARBARIE?

Luz María Sánchez Rovirosa

“Estamos en este mundo para convivir en armonía. Quienes lo saben no luchan entre sí.” Buda

 

¿Qué nos sucedió? ¿Cuándo nos sucedió? ¿Por qué nos sucedió? Es la pregunta que nos hacemos la mayoría de los mexicanos, al ser testigos y muchas veces parte de toda esta violencia desatada, de la injusticia social, de todo este miedo y de esta angustia que nos está consumiendo.

En un lugar tan delicado como lo es el estado de Guerrero, con los hechos sangrientos de violencia rebasada y hecho un desastre ¿cómo aguantaremos seguir sobreviviendo, con un gobierno tan –dogmático- como el del gobernador improvisado Rogelio Ortega Martínez?

Suficiente tiempo hemos tenido desde las pasadas administraciones, hasta los graves acontecimientos de hoy en día, para percatarnos de que éste es un gobierno ausente, un gobierno insensible a la desgracia humana; un gobierno que por supuesto no es tolerante, que minimiza; un gobierno totalmente inclinado a procurar el bienestar personal; un gobierno prematuramente aburrido de la gente y sus problemas. En fin, un gobierno desatento de sus obligaciones, del desorden y del dolor ajeno.

Hoy ante la barbarie que carcome el estado, existe un fuerte sentimiento que provoca desconfianza, irritación y hartazgo, motivado por el desencanto ante las enormes expectativas y los pobres resultados, por el hastío hacia la partidocracia y sus políticos arribistas, que nos arrebatan las oportunidades por el escándalo de la corrupción y la impunidad; por el dispendio en gastos inútiles cuando hay tanta necesidad; por la ausencia de propuestas reales que por supuesto sabemos, no se cumplirían.

Ante las alarmantes declaraciones del gobernador Rogelio Ortega Martínez en reiteradas ocasiones, acerca de entregar a su sucesor Héctor Astudillo Flores, un estado “en armonía y paz”; el día de ayer (después de la barbarie de Chilpancingo), vuelve a decir, que para el tramo que le queda como gobernador, -seguirá trabajando en la ruta de la armonía-.

Hablar, pero sobre todo vivir y convivir en armonía, se sustenta en la autenticidad de condiciones sociales y económicas justas. Sin ellas, desafortunadamente, el anhelo de vivir en armonía, puede ser utilizado para preservar dolorosas situaciones de injusticia, como en este caso.

La armonía y la paz no pueden nunca tolerar la injusticia, ni ignorar cambios sociales lamentables; por el contrario, para preservar la armonía y alcanzar la paz, se debe encarar con sabiduría, coraje y honestidad, aquello que genera la desunión, que agrava los antagonismos, y que promueve todo tipo de violencia física o moral.

Pero este caos, no solo es problema de autoridades y funcionarios advenedizos, incapaces, corruptos y negligentes. Lo es también de una sociedad que descuida (sin justificación) la política de su país, de su estado, de su municipio e incluso de su comunidad; una sociedad que siempre está en peligro, pues en lugar de avanzar hacia una vida digna para todos sin excepción, camina hacia la barbarie, en la cual a casi nadie le importa el prójimo, ni tampoco le importan las leyes, la seguridad pública y social, el desarrollo, la educación, la cultura, el medio ambiente, el trabajo, las libertades, los derechos y los deberes, en suma, no le importa la convivencia auténticamente humana y por ende armónica siempre encaminada hacia el bienestar común.

Barbarie es la actuación, la actitud, el estado o la condición de quien habla un lenguaje (incluyendo el corporal), absolutamente contrario al de las exigencias morales, de la ley, la honestidad, de la armonía, de la paz y de la realidad humana.

Entonces podemos entender que quien practica la barbarie, no son simplemente los que violan el orden; sino quienes llegan a extremos de maldad, que los hacen parecer desprovistos de la condición humana.

Y uno aterrado y atónito se pregunta: ¿Quién o quiénes hacen más daño al mundo? ¿Los que se acomodan frente a la -perversidad refinada- y desde allí pisotean al hombre con los mejores modos, casi sin mancharse por la “exquisita” corrupción que ejercen? ¿O quienes desde la opulencia se manifiestan indiferentes a las víctimas sobre las cuales se alzan; pero que sin duda alguna asumen el papel de buenos, y son legitimados por sus roedores y hambrientos vasallos? ¿O la figura de los llamados bárbaros, que sin justificación por la violencia de su actuar, arrasan sin miramientos lo que a su paso encuentran, para tratar de desnudar a los hediondos tiranos y avanzar hacia la historia? ¡Vale la pena reflexionarlo!