miércoles, 10 de julio de 2019

CARTA MACABRA








CARTA MACABRA



Luz María Sánchez Rovirosa


Urzúa no se adaptó a las nuevas políticas públicas. Me parece normal su renuncia y hasta tardía. Ricardo Monreal.






Muchas personas consideran que la crítica política generalmente es un argumento adverso, pero pese a ese argumento, la crítica política es un mecanismo indispensable, que permite que permite debatir los asuntos de interés común en su más amplio sentido; siendo muy necesaria dentro de un sistema democrático, donde la participación de la sociedad no debe restringirse únicamente a ser simples ciudadanos sin voz, pero curiosamente sí con voto (en este caso no comprado); sino una sociedad con civismo y con iniciativas de contribución, mediante su oportuna opinión en la gestión pública.


Así que me sumerjo como de costumbre en este peligroso mar de la política, porque veo con preocupación la rígida pose de víctima que tomó el ex titular de Hacienda, al “despedirse” de su cargo.




A casi ocho meses de aceptar la encomienda ofrecida por Andrés Manuel López Obrador (personaje que para Urzúa Macías no era ni es un desconocido en su forma de pensar y actuar); tal vez para la mayoría de los mexicanos cayó de sorpresa su intempestiva renuncia; pero para los mexicanos que no nos encontramos en los tormentos de la mente batida y revuelta una y otra vez por la escabrosa oposición, nos sorprendió mucho más los argumentos que escribió en la misiva del adiós.

Nadie discute si lo plasmado en la susodicha fue su sincero sentimiento, o si manifestó en ella lo que consideró una lesión a su ego. Pero lo que sí es bien cierto que al hacerlo no se detuvo a pensar en México, asegurando que en el gobierno para el que trabajaba, se habían tomado decisiones de políticas públicas sin el suficiente sustento; amén que le fueron impuestos funcionarios sin conocimiento hacendario y que esta acción fue fustigada “por personajes influyentes con un patente conflicto de interés”. En su escrito mencionó también sobre discrepancias en materia económica, sin hacer (en ninguno de los casos) mención de ninguna en particular o dar soporte de lo dicho.

La crudeza y la acidez con las que vertió las razones de su renuncia, dejan ver perfectamente que lo hizo a propósito, movido por el desquite del “supuesto agravio” a su persona, estremeciendo los mercados financieros, ya de por si alarmados.

Vale la pena recordar (aun cuando a muchos no les gusta), allá por el año 74, cuando el entonces titular de Hacienda Hugo B. Margaín, le presentó su renuncia al también entonces presidente Luis Echeverría, el desastre económico se presentó de inmediato, y entre otras muchas cosas financieramente importantes, el dólar voló de 12.50 a 24 pesos.
    
México se hundió y nos llevó a los mexicanos muchos años para medio superar la crisis. La cuestión aquí, es que, a diferencia de Urzúa Macías, Hugo B. Margaín, declaró que: los técnicos tendrían que estudiar “qué es lo que hicimos en el sexenio mal, para no repetir los errores”.

Decía el teólogo alemán Wilhelm Bousset que: “Dios de ríe de los hombres que se quejan de las consecuencias, al mismo tiempo que consienten sus causas.

Para no repetir errores, se tiene uno que apoyar en el pasado (aun cuando a muchos no les guste recordar), para no permitir que se repitan patrones al caminar en círculos; pero, sobre todo admitir, aunque nos cueste trabajo los yerros propios y no por salvar nuestro pellejo o nuestro ego, despotriquemos (sin sustento) y conscientes del daño, que se ponga en riesgo el bien común de México, como lo hizo el hoy “víctima y mártir” Carlos Manuel Urzúa Macías en su “Carta Macabra”. ¡Vale la pena reflexionarlo!  


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