miércoles, 1 de junio de 2016

EL DILUVIO QUE VIENE







EL DILUVIO QUE VIENE

Luz María Sánchez Rovirosa

“Aún estamos muy lejos de que nuestro sistema financiero beneficie cotidianamente a la inmensa mayoría de los mexicanos” Agustín Carstens. (23/septiembre/2013)


Para empezar, quisiera brevemente recordar con mucho cariño a una gran persona, amiga, y jefa durante tantos años de franca y amena convivencia laboral. Querida Eloina López Cano quien ya descansa en La Casa Celestial al lado del Padre, deseo unir mi corazón con una inmensa plegaria, para agradecer tu presencia en mi vida, y las oportunidades que tu cariño y tu confianza depositaron en mi persona. Siempre te recordaré con alegría y con la gran sonrisa que dejaste en este Acapulco tan querido para ti. Descansa en paz.

Entrando de lleno al tema que hoy (por lo menos a su servidora) le aflige y mucho, Agustín Carstens Carstens Gobernador del Banco de México, señaló (como tantas otras veces), que se vislumbra y ya muy cercana, una de las más graves crisis económicas que la nación haya padecido en los últimos cincuenta años.

Imposible que su servidora pueda realizar un análisis profesional, con los escasos conocimientos de economía con que cuento, pero si puedo externar mi humilde opinión como ciudadana de México, cuando nos están advirtiendo (los que sí saben), que estamos al borde de un abismo financiero de connotaciones mundiales, ya que se agravará la pobreza y con ella la inseguridad, ante un estallido social, que también se está anunciando.

¿Por qué como ciudadanos paganos de los excesos políticos nos ha faltado el esfuerzo y la valentía por mucho tiempo, para poder hablar de lo que es correcto y de lo que es incorrecto, y si alguna vez lo hemos hecho, con demasiada frecuencia hemos evitado externarlo?

Gobiernos van y gobiernos vienen con irresponsabilidad, egoísmo, corrupción, violencia, injusticia; con un comportamiento como si las decisiones no tuvieran consecuencias. Crímenes sin castigo, recompensas sin esfuerzo, derechos sin responsabilidades, territorios sin control y mucho del antagonismo de las virtudes de la naturaleza humana tolerados, perdonados e incluso incentivados por los mismos ciudadanos.

Los fuertes embates de la naturaleza virulenta de este gobierno priísta (supuestamente nuevo), golpearon a México en un momento en el cual la temida crisis financiera se nos manifiesta nuevamente, -lujosamente ataviada de recesión-. La pregunta que se repite una y otra vez al paso de los años, al paso de los meses, al paso de los días, al paso de las horas es: ¿Por qué el gobierno de Peña Nieto se empeñarse en instaurar una economía retro muy al estilo PRI, pero corregida y aumentada, si nos ha ido tan mal?

¿Qué expectativas podemos tener ante el deterioro del escenario social, político y económico en México, cuando nos damos cuenta que -casi es- irreversible, con la excesiva concentración del ingreso del país en unos cuantos, en el cual las leyes están demasiado relajadas, los funcionarios corrompidos y con una democracia incipiente e imperfecta.

Este diagnóstico que nos están dando, nos tiene que obligar a analizar cuidadosamente en los aspirantes a los gobiernos de los estados enlistados para contender en los próximos comicios del 5 de junio, y reflexionar que en las próximas elecciones, no está en juego el triunfo de los partidos y del INE, sino el porvenir de México, antes que lleguemos a los niveles de China, por poner un ejemplo.

La solución a corto plazo, fue solicitar ayuda financiera a Organismos Internacionales. El Fondo Monetario Internacional (FMI), accedió una vez más a otorgar un préstamo millonario o billonario (88 mil mdd) al gobierno de nuestro país por medio de Banxico (Banco de México), para sostener las reservas (que supuestamente eran muchas y sólidas antes de la subasta), tenemos que cuestionar ¿A cambio de qué nos sueltan semejante fortuna, y cómo se obtendrá el dinero necesario para pagar dichos créditos, con el diluvio que viene?

Aun cuando sabemos que Agustín Carstens es docto en materia económica; él mismo señaló “que si fuera político, no le gustaría ser presidente de México”. Ahora juzgue usted, todo lo que sabrá.


¿Cómo podremos tener confianza en este –nuevo-viejo- gobierno, si ésta se gana y se fortalece con actos de honestidad, congruencia y generosidad? La confianza se nutre de hablar con la verdad, con justicia, realismo y recto juicio. Con transparencia, pero sobre todo con respeto a la dignidad del prójimo. ¡Vale la pena reflexionarlo!  

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